Uno de los grandes veteranos del cine europeo, rostro de Ingmar Bergman y versátil intérprete en el cine americano de gran producción, Max von Sydow; y uno de los jóvenes de la generación americana de los 80 que mejor ha sabido madurar hasta lograr este mismo año una candidatura al Oscar por Crash (2004), Matt Dillon, serán los premios Donostia de la 54 edición del Festival de Cine de Donostia-San Sebastián.

A la personalidad rotunda de ambos actores, capaces de evitar cualquier encasillamiento sin renunciar a las características propias de sus respectivos talentos, Max von Sydow y Matt Dillon han sumado a su intenso trabajo como actores una incursión en la dirección que confirma la diversidad de su arte.

Max von Sydow, después de casi 130 trabajos como actor, continúa en plena actividad, y ha rodado este año L’Inchiesta. Y Matt Dillon ha completado en los dos últimos años dos de sus más aclamadas interpretaciones, las de Factotum (2005) y Crash (2004).

Max von Sydow

La fuerza dramática de su rostro, su imponente figura y una capacidad para representar todos los aspectos del ser humano, desde los mas viles a los más delicados, han hecho de Max von Sydow uno de los más grandes actores del cine europeo, con una continua presencia en el cine estadounidense. Nacido en 1920 en Lund, Suecia, Max von Sydow era un niño tímido que vio en la interpretación una ocasión de superar sus problemas de comunicación con los demás. Inició una formación en arte dramático, en la Academia Real de Estocolomo, antes de debutar en el cine en 1949 con Bara en mor, de Alf Sjöberg. No se afianzó en el medio hasta que Ingmar Bergman lo incorporó al reparto de Det sjunde inseglet (El séptimo sello, 1957), como el caballero que reta a la Muerte. Bergman vio en Max Von Sydow a un portavoz de sus propias inquietudes y lo convirtió en uno de sus actores imprescindibles en películas como Smultronstället (Fresas salvajes, 1957), Ansiktet (El rostro, 1958), Jungfrukällan (El manantial de la doncella, 1960), Sasom i en spegel (Como en un espejo, 1961), Nattvardsgästerna (Los comulgantes, 1962), Vargtimmen (La hora del lobo, 1968) y Skammen (La vergüenza, 1968), entre otras.

En 1965 inició una carrera internacional de gran proyección al interpretar a Jesús en The Greatest Story Ever Told (La historia más grande jamás contada, 1965), de George Stevens, que continuó con el misionero de Hawaii (1966), de George Roy Hill o el coronel de The Kremlin Letter (La carta del Kremlin, 1970). El abnegado campesino Karl Oskar del díptico dirigido por Jan Troell, Utvandrarna (Los emigrantes, 1971) y Nybyggarna (La Nueva Tierra, 1972), fue otro de sus grandes papeles hasta la llegada del padre Merrin en El exorcista (1973), de William Friedkin.

Max von Sydow ha sido presencia deslumbrante en numerosas películas del cine estadounidense de gran producción: capitán alemán en The Voyage of the Damned (El viaje de los malditos,1976) y Victory (Evasión o victoria); el tirano Ming de Flash Gordon (1980); el rey Osric de Conan the Barbarian (Conan el bárbaro, 1982); y múltiples villanos como el de Never Say Never Again (Nunca digas nunca jamás, 1983). Y ha alternado ese trabajo con producciones europeas de destacados directores, de Il Deserto dei Tartari (El desierto de los tártaros, 1976), de Valerio Zurlini, a La mort en direct (La muerte en directo, 1980), de Bertrand Tavernier. Trabajó para Woody Allen en Hanna y sus hermanas (Hanna and Her Sisters, 1986), y en 1987 logró, de nuevo en Suecia, una de sus más celebradas interpretaciones, precisamente para un discípulo de Bergman, Bille August, en Pelle erobreren (Pelle, el conquistador). Como padre abnegado en busca de una vida mejor para su hijo Pelle, Max Von Sydow logró una candidatura al Oscar al Mejor Actor, y ganó el Premio Europeo, entre otros muchos galardones.

En 1988 hizo en Suecia su única película como director, el drama romántico Ved vejen. Con casi 130 títulos en su filmografía, en la que se incluye el filme español Intacto (2001) de Juan Carlos Fresnadillo o Minority Report (2002), de Steven Spielberg, continúa trabajando incansablemente, y acaba de finalizar L’Inchiesta (La investigación, 2006), de Giulio Base.

Matt Dillon

Desde que Francis Ford Coppola dotó de profundidad a sus papeles de adolescente, hasta sus excelentes interpretaciones recientes en Crash y Factotum, Matt Dillon ha madurado como uno de los actores con mayor personalidad y carisma del cine estadounidense. Su atractivo físico y una mirada desafiante, le sirvieron para conseguir sus primeros papeles. Nacido el 18 de febrero de 1964 en New Rochelle (Nueva York), Matthew Raymond Dillon estudiaba en la Hommocks School cuando fue descubierto por un cazatalentos que le dio sus primeros papeles. Pero fueron dos películas dirigidas por Francis Ford Coppola, The Outsiders (Rebeldes, 1982) y Rumble Fish (La ley de la calle, 1983), las que destaparon las posibilidades de Matt Dillon, que supo alejarse del estereotipo de ‘duro’ dotando a sus personajes de una melancolía y una humanidad que distinguieron pronto su siempre rotunda presencia, en la línea de míticos actores como Marlon Brando y Paul Newman.

Gene Hackman se convirtió en su mayor influencia cuando ambos actores coincidieron en el thriller Target (Agente doble en Berlín, 1985), de Arthur Penn y poco después interpretó al jugador de The Big Town (Mano de oro, 1987). Lejos de querer encasillarse en el cine de gran producción, se puso al servicio de un director entonces muy poco conocido, Gus Van Sant, que le dio uno de sus más impactantes papeles, el heroinómano de Drugstore Cowboy (1989). Con Gus Van Sant repitió años después, junto a Nicole Kidman, en To Die For (Todo por un sueño, 1995). Para entonces ya había encontrado en el cine independiente un espacio propio para mostrar su versatilidad, desde el ambiguo personaje de A Kiss Before Dying (1991), de James Dearden, a comedias románticas de autor, como Singles (1992), de Cameron Crowe; Beautiful Girls (1996), de Ted Demme (que compitió en el Festival de San Sebastián); o Grace of My Heart (1996), de Allison Anders, antes de volver al thriller, dirigido por Kevin Spacey, en Albino Alligator (1996).

Aunque considera que la comedia es lo que le resulta más difícil, ha demostrado sus posibilidades en el género con películas como In & Out (1997), de Frank Oz o su hilarante papel de investigador privado en There’s Something About Mary (Algo pasa con Mary, 1998) de Bobby y Peter Farrelly.

Aficionado al footing, a la música cubana, al coleccionismo de discos de vinilo y fan de los New York Mets de béisbol, Matt Dillon se estrenó como director de cine con el excelente y atmosférico thriller ambientado en Camboya, que también escribió, junto a Barry Gifford, y protagonizó, City of Ghosts (La ciudad de los fantasmas, 2002). Otro actor, Kevin Bacon, le dirigió en Loverboy (2005), antes de que Matt Dillon se convirtiera en Henry Chinaski, el alter ego de ficción del escritor Charles Bukowski, en una de sus mejores interpretaciones, en Factotum (2005), de Bent Hamer. Su papel de policía perverso y sensible al mismo tiempo en Crash (2004), de Paul Haggis, le procuró sendas candidaturas al Oscar y al Globo de Oro como Mejor Actor de reparto, y ganó por ese mismo filme el Independent Spirit Award, un premio que ya había recibido en 1990 como Mejor Actor por Drugstore Cowboy.